martes, 23 de abril de 2013

Chaos within order.

Canaan Glassware

Creo que empecé a estudiar Biología porque quería saber cómo funcionaban las cosas.

Creo que empecé a hacer fotos porque quería saber por qué funcionaban así.

Y con ello ahora creo que las cosas no funcionan. Simplemente, son.

Somos nosotros, los humanos, quienes intentamos dar orden al mundo. Químicos y físicos hablan de la entropía. Resumiendo y sin entrar en termodinámica, dicen que todo tiende al desorden. Que si tiras un vaso al suelo, estallará en trocitos de cristal, pero si tiras los trocitos, jamás obtendrás un vaso. Y a todos, algo así nos resulta evidente.
Lo que pasa es que olvidamos que, al igual que somos nosotros quienes creamos un vaso, somos nosotros quienes inventamos el concepto de orden.

Así, para nosotros:


Esto está ordenado...












...y esto no.

Pero olvidamos con cierta frecuencia que, al igual que el color, el orden es un acontecimiento, no una propiedad del universo.
Entonces no es que todo tienda al desorden, es que de las posibles situaciones aleatorias que pueden sucederse tras un acontecimiento, nosotros tenemos un abanico extremadamente reducido de lo que son situaciones ordenadas.

Y sí, es algo que nos ayuda a vivir. Nuestro cerebro es inteligente, y sabe cómo mantenernos con vida (nótese, que es un cerebro quien está escribiendo estas líneas, es curioso cuánto llega a quererse un órgano, ¿no es cierto?).
Pero lo que la fotografía me ha enseñado es que la realidad, o lo que nuestro cerebro nos dice que es la realidad, se puede falsear. Puede jugarse con ella, puede invertirse, puede descontextualizarse, puede moldearse a nuestro antojo, hasta tal punto que los límites de lo que es real y lo que es ficticio se doblan, se estiran y se parten, y ya no sabes si la distribución de los puntos sigue un plan estricto o pululan por el universo atrayéndose y repeliéndose y es casualidad que hayan adoptado esa forma. Dudas de si estás cabeza arriba, o si tienes los pies en la boca, o si esa mujer está posando para mi o me está insultando en serio, o si realmente aquel soldado miliciano acababa de morir o Robert Capa nos la metió doblada a todos.

Dudar de todo me mantiene los ojos abiertos. O mejor dicho: Dudar de todo me mantiene un ojo cerrado, y el otro pegado al visor de mi cámara.